¿México está dispuesto a enfrentar la verdad sobre las desapariciones?
La situación de las desapariciones en México ha llegado a un punto crítico, con más de 133.000 casos registrados y una impunidad que parece no tener fin. La Organización de las Naciones Unidas (ONU) ha emitido un informe que califica estas desapariciones como un crimen de lesa humanidad que se práctica de manera generalizada y sistemática en el país. Sin embargo, el Gobierno de México ha respondido con rechazo y negación, insistiendo en que las desapariciones son exclusivamente responsabilidad del crimen organizado y destacando los esfuerzos institucionales para contener el problema. Pero, ¿qué hay detrás de esta respuesta del Gobierno y qué significa para las familias de las víctimas y para la sociedad mexicana en general?
El informe del Comité contra la Desaparición Forzada (CED) de la ONU no se basa solo en casos antiguos, como intenta hacer ver el Gobierno de Claudia Sheinbaum. Incluye ejemplos más recientes y señala que en México prevalecen condiciones estructurales que propician la comisión del delito, a veces con la participación o “aquiescencia” de autoridades locales, estatales y federales. Esto sugiere que el problema de las desapariciones no es solo un asunto del pasado, sino que sigue siendo una realidad en la actualidad. Los datos son contundentes: más de 133.000 personas han desaparecido en México, y la mayoría de estos casos siguen sin resolverse. La pregunta es, ¿qué se está haciendo para cambiar esto y qué se puede hacer para garantizar justicia para las víctimas y sus familias?
La postura del Gobierno: ¿negación o enfrentamiento de la realidad?
La respuesta del Gobierno de México al informe de la ONU ha sido de rechazo y negación. La insistencia en que las desapariciones son exclusivamente responsabilidad del crimen organizado y en destacar los esfuerzos institucionales para contener el problema no es suficiente. La sociedad mexicana merece una explicación clara y transparente sobre lo que se está haciendo para enfrentar este problema y para garantizar justicia para las víctimas. Es hora de que el Gobierno de México deje de lado la negación y el rechazo, y asuma su responsabilidad en la búsqueda de soluciones. Los mexicanos merecen saber la verdad sobre lo que está pasando en su país y qué se está haciendo para cambiar la situación. La llamada es clara: es hora de enfrentar la verdad y de trabajar juntos para un cambio real.
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